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viernes, 20 de febrero de 2026

LA ETERNIDAD

—¿Cómo será la eternidad? —me preguntó una vez mi hija.

Dejé de masticar la pizza con que celebrábamos el Día de las Madres (algo así como Morgan Freeman cuando le preguntan: «¿Qué pasaría si un hombre usara el cien por ciento de su cerebro?»).

Había estado pensando hace unos días sobre eso; pero, por los afanes diarios y las prisas que nos ha traído la cuarentena, quedó aquello por allí, en algún recoveco de mi mente, casi descartado por mis cansadas neuronas, que cada día se vuelven más selectivas.

Respondí, casi como en un soliloquio existencial:

—La eternidad es la realidad del tiempo; es la existencia del ser.

La eternidad se ha de parecer mucho a la vida que hoy tenemos.

Todos existimos, pero nadie puede recordar cuándo comenzó a hacerlo; contamos los días, los meses y los años solo porque sabemos que un día nos vamos a morir.

¿Pero qué pasaría si supieras que nunca te vas a morir?

Sin recuerdos del principio y sin certeza del final.

La vida es un eterno ahora; el futuro, una ilusión que nunca llega, porque cada día es un presente nuevo.

El pasado, igual, es un espejismo que podría no ser cierto.

¡Existen solo en nuestra mente!

¡Solo el presente es real, en el momento que lo vivimos, para difuminarse luego en recuerdos y quimeras!

Ahora comprendo a Descartes cuando dijo:

«Cogito ergo sum» (Pienso, luego existo).

El tiempo es solo una concepción relativa; yo lo concibo como la imagen en movimiento de la eternidad, donde coexisten sin fronteras el pasado, presente y futuro.

En realidad, quizás la única diferencia entre el tiempo y la eternidad sea que ahora tenemos la seguridad de que nos vamos a morir un día.


—Miguelan (mayo de 2020).



VIVIR PARA SOÑAR

 He tenido el sueño más largo de mi vida en apenas cinco minutos.

¿O sería más bien una vida entera en cinco minutos de sueño?

¿Quién puede decir con exactitud cuándo soñamos y cuándo vivimos?

¿Soñamos que vivimos o vivimos para soñar?

Estoy seguro de algo:

¡Todos los sueños son reales hasta que nos despertamos!

 

—Miguelan, 2022




SOBRE EL TIEMPO

El laureado escritor miguelense Arnoldo Sagastizado plantea la siguiente interrogante:

Si acaso el tiempo existe… ¿dónde comienza y dónde termina?

Mi mente de pecador se trasladó de inmediato hasta las primeras reminiscencias de mi existencia, recuerdos lejanos que, como cuadros renacentistas, se terminaron desvaneciendo entre destellos neuronales para dejarme totalmente desolado frente a las agujas de un enorme reloj con caja de madera, casi tan grande como una catedral.

—¿Qué es el tiempo? —pregunté al niño que lloraba frente a un ataúd de madera, rayando muescas con una llave en el oloroso barniz que cubría el ciprés del olvido.

—El tiempo es y no es —dijo sin dignarse a verme—, dependiendo de dónde te encuentres y quién seas…

—«Pienso, luego existo» —interrumpió René Descartes, apareciendo detrás de los velos que se interponían entre este mundo y lo etéreo—. «Pienso, por lo tanto, soy». En otras palabras, el tiempo, antes de mí o de ti, no existía y dejará de ser cuando nos liberemos del plano de la materia física.

Luego dijeron cosas que no alcancé a comprender y caminaron en dirección a un fugaz amanecer en las blancas orillas de la eternidad, para terminar desvaneciéndose, al igual que mis memorias.

Entonces lo comprendí de golpe, allí en la margen del grande y anchuroso mar…

¡El tiempo es la ilusión del ser; comienza y termina en la eternidad, más allá de la conciencia!

 

—Miguelan 2022



METAFORA DE FUEGO

 Una mañana, casi al comenzar el invierno preparaba con mucho esfuerzo el fogón para los alimentos; Pero al intentar con leños gruesos parecía aquello una misión imposible.

¿Cómo fui a quedarme sin ocote?

Recogí entonces por aquí y por allá algunas ramitas delgadas y frágiles que no tardaron en crepitar encendiendo rápidamente los maderos más gruesos, que una vez inflamados incineraron a los débiles. Puse más ramitas, pero igualmente fueron consumidas casi de inmediato.

<<Es una alegoría de la vida>> pensé, para quedarme viendo arrobado en un sentimiento primitivo quien sabe por cuánto tiempo las flamas de la existencia.

 

—Miguelan 2021



jueves, 19 de febrero de 2026

SOBRE LAS VIDAS PASADAS…

 Muchos hablan de recuerdos en vidas anteriores, a través de regresiones astrales, inducción hipnótica, drogas alucinógenas, etc.

A veces me pregunto ¿por qué, habiendo tantas personas en el mundo, el porcentaje de recuerdos no es mayor y más diverso?

A mis años con todo lo vivido y soñado, jamás doy algo por sentado ni aseguro nada como verdad absoluta.

Pudiera ser que si venimos de múltiples efusiones sin poder recordarlo porque el aprendizaje no es para este plano corporeo o tal vez no podemos recordar lo que había antes por la sencilla razón de que no había nada.

No descarto que existe la memoria genética, en la cual, si soy descendiente de un comerciante macedonio, tal vez pueda sentir nostalgia o recuerdos indescriptibles al pasar por Grecia… Quizás algún día lo sepamos, cuando la ciencia y la espiritualidad se desarrollen hasta límites que hoy ni siquiera imaginamos.

Esto no quiere decir que después de esta vida no haya más y que aquí se termina todo; más bien, me gusta pensar que el ser humano es el primer peldaño de la creación, el principio de todo un hermoso proceso que termina en la Fuente, principio y final de todo.

La vida no termina, solo se transforma en una efusión silenciosa hacia otra forma de existencia.

 

—Miguelan



VIVIR PARA MORIR.

Nacemos como animales, vivimos como dioses y, al final, morimos como todos los hombres.

¡El final es tan parecido al principio!

Venimos desnudos, sin inteligencia… ¡como bestias!

Vivimos como si nunca fuéramos a morir, y cuando morimos lo hacemos como si no hubiéramos vivido.

Nos aferramos a la vida, aun cuando está llena de múltiples sinsabores.

¿Por qué? ¿Instinto? ¿supervivencia?

Nos aterra la idea de morir, quizá porque no estamos seguros si hay algo más después de todo esto…

Desgraciadamente, no podemos elegir cómo vamos a morir ni dónde va a quedar nuestro cuerpo, pero sí podemos elegir cómo vamos a enfrentar la muerte: de rodillas o de pie, con la frente erguida y la conciencia tranquila…

Robert Frost lo entendió perfectamente cuando dijo:

"Dos caminos se bifurcaban en un bosque amarillo..."




EL ÁGUILA Y LOS LOBOS

 Publio Quintilio Varo, el bravo centurión, viejo lobo curtido en mil batallas, llevó las legiones romanas hasta los linderos del bosque de Teotoburgo.

Arminio y los hijos de Odín les esperaban del otro lado de la niebla; en silencio, solo se oían los latidos de los corazones.

Los romanos eran valientes y confiaban en su perfecta formación militar, pero el hado había escrito que ninguno regresaría a la Ciudad Eterna.

¡Y comenzó la batalla!

El bosque abrió sus fauces neblinosas, dejando ver las hordas de queruscos que, como colmillos, se hincaron en el águila imperial.

El hijo de Segimer, subido en su caballo blanco, arengaba a los bárbaros, rezando por ellos antes de lanzarse a dar la estocada final:

“He aquí que veo a mi padre; he aquí que veo a mi madre, a mis hermanas y mis hermanos. He aquí que veo el linaje de mi pueblo hasta sus principios. Y he aquí que me llaman, me piden que ocupe mi lugar entre ellos, en los atrios de Valhalla, el lugar donde viven los valientes para siempre.”

 

—Miguelan



miércoles, 18 de febrero de 2026

DETRÁS DE LAS FOTOS

A veces paso largo rato viendo una fotografía, imaginando el momento en que fue tomada.

¿Por qué?

Porque detrás de cada fotografía hay una historia que merece ser imaginada.

—¡Nadie se mueva! —grita el fotógrafo engreído.

¿Qué ropa usaría el fotógrafo?

¿Qué había detrás de él?

¿Un parque con muchos árboles?

Sigamos imaginando…

Los novios salen de la iglesia, una mañana soleada de domingo, aupados por la multitud de conocidos y desconocidos que se han reunido. Por curiosidad unos y otros, por amor al festín que se ha de servir después.

La fotografía que tengo en mis manos es ahora solo un decolorado pedazo de papel, pero hubo un instante en el tiempo en que fue real.

Esa gente vivía y pensaba, tenían preocupaciones; pero en ese segundo preciso ¡todo se paralizó para eternizar el momento!

Imagino las campanas detenidas a medio vuelo en la torre de la iglesia, para dejar que el artista plasmara con luz la felicidad de los enamorados.

¡Esa imagen es una especie de portal en el espacio-tiempo!

Si cierro los ojos y me esfuerzo, casi, casi, puedo estrechar la mano carrasposa del eufórico casamentero o platicar con los niños de cabello alborotado que orgullosos portaron los anillos.

Puedo incluso oler el perfume de la novia, ¡una fragancia importada sin duda! Huele a azahares con jazmín nocturno. Ella se sonroja cuando el galán le coge su blanca y pequeña mano.

—¡Listo, ya está!

El fotógrafo da la orden al tiempo para seguir fluyendo y las personas vuelven a respirar; las campanas, suspendidas hasta entonces, continúan repicando con alegría, apresurando a las cocineras de la casona que corren como locas sirviendo sendos platos de comida para los invitados.

Los novios se marchan, los veo desde las gradas de la iglesia, perdiéndose en la vuelta empedrada de la calle que baja hasta la casona de volcancillo.

El parque se queda desierto; toda la gente se fue siguiendo el cortejo nupcial entre gritos y cohetes de vara, ni siquiera quedaron los famélicos perros, aquello parece un pueblo abandonado ahora.

¿Qué hay detrás de mí? ¿Qué arreglos pusieron en la iglesia? 

Iré a ver.

¡Muy tarde! El párroco, que se ha demorado, cierra con llave la puerta de madera antigua y se dispone a correr detrás de los novios.

—¿No irás a la fiesta, hijo mío?

—No… creo que me quedaré un rato.

—¡Como quieras, pero quién sabe que vuelvas a comer como hoy!

Y baja las gradas procurando no enredarse con la sotana, mientras murmura algo sobre los jóvenes de hoy que ya no se preocupan por alimentarse bien.

La próxima vez que veas una fotografía, imagínate la historia que esconde detrás de lo que muestra.

¡Ve más allá de lo superficial y profundiza con la imaginación los detalles de la obra maestra!

 

(Fotografía cortesía de Estela Reyes)

 

—Miguelan. (2023)



miércoles, 11 de febrero de 2026

SOMBRAS

En el epílogo de nuestras vidas atisbamos por la ventana de los recuerdos, viviendo nuevamente los días que se deshojaron apacibles y serenos.

Es como si abriéramos un gruesísimo álbum donde las primeras imágenes son apenas un borrón difuminado de vivencias que podrían no ser ciertas.

¿Qué podemos ver?

Padres, hermanos, amigos; conversaciones, risas y lágrimas; lugares, situaciones y propósitos.

¿A dónde fueron? ¿Sucedió o solo lo soñamos?

Muchos se han ido, muchos han llegado, nosotros aun resistimos; como las últimas sombras que se aferran a una noche que casi termina.

Somos el ultimo fruto de una cosecha buena, que germinó para ser semilla de generaciones iluminadas que han de transitar senderos que ni siquiera imaginamos.

Somos las postrimeras gotas de incontables inviernos flotando en el aire, negándose a caer en el olvido;

Somos reminiscencia de batallas perdidas y batallas ganadas;

Somos el viento que se despide, ya sin la furia de antaño,

Somos el silbo apacible de la experiencia, que cual vino se añeja en la oscura cava del silencio, donde ya no hay nadie que pueda oír los versos de antaño.

Somos extranjeros en un tiempo que ya no es nuestro,

Y vemos en las nuevas generaciones los brotes que alguna vez fuimos, cuando llenos del vigor de la juventud éramos el oro de un amanecer refulgente.

¡Nosotros éramos inmortales! ¿Qué paso?

Al abrir el libro de nuestras memorias, nos damos cuenta que siempre fuimos sombras jugando a ser eternos en un camino breve, donde cada vez más livianos comprendemos que la vida es solo un puente muy corto que debemos cruzar al igual que todos aquellos que nos precedieron; para unirnos a las reliquias de los pilares que sostendrán las nuevas eras.

Sonreímos con tristeza, y absolvemos la pasión de nuestra mocedad; de la misma forma que el padre al hijo que tropieza en sus primeros pasos; al adolescente que cree que la vida se termina por un amor fallido, inconformes siempre sin saber que lo tienen todo.

En la comprensión de que la eternidad se expande más allá de la figura de los días que se terminan,

Al final del camino, no recordamos días malos ni lagrimas amargas, todo valió la pena, todo fue bueno ¡todo fue perfecto!

—Miguelan 2020

 



En memoria de los seres amados que han partido este año sombrío… y de los que aún faltan.

¡Dios, en tus manos encomiendo mi vida y la de todos ellos!

 


MUSA

 — ¿Qué hacés?—preguntó ella.

— ¡Esperando a la zorra!

— ¿A quién?

—A la inspiración, a veces va a revolcarse durante días con Arjona, Perales y que se yo con quien más…

— ¡Pensé que yo era tu inspiración!—sollozó.

— ¡No digas más, vos sos una mujer decente!

 

—Miguelan 2020.



lunes, 9 de febrero de 2026

¡SOMOS FELICIDAD!

La felicidad no tenemos que buscarla, ella está siempre esperando por nosotros todos los días cuando nos levantamos.

Yo la encuentro a veces durmiendo a mi lado, corriendo por la casa o llenando de horribles garabatos la inmaculada blancura de los muros de la incomprensión.

La felicidad viaja aferrada a mi cintura cuando voy en la gastada motocicleta y no le molesta caminar las veredas existenciales donde a veces nos perdemos preguntando por la casa de niña Catalina, la viejecita rebelde que vivía sola en la montaña y cocinaba cada día por gran casualidad de la vida y con exquisitez celestial lo mismo que nuestra madre había puesto en la mesa.

A ella no le incomoda ir a los muelles de la infancia y preguntar por Chimino, ¡el que era marino! escuchar a Arnulfo desgranando luciérnagas con su dulzaina en los cafetales o herirse los pies con las espinas de carbón negro en los potreros buscando catalnicas, pijuyos y hasta pericos.

A veces vamos a comer panes donde Porqui, frente a la catedral de Santa Ana, y si las cosas van mejor hasta visitamos al ingeniero de la U.

La veo de reojo estudiando contabilidad en un pupitre gastado; la veo acompañando a un viejo que camina despacio por un parque desconocido y me doy cuenta lleno de regocijo que siempre estará allí; en la luz, en la oscuridad, en la música, en el silencio, en el viento, en la noche…

 ¡EN TODAS PARTES!

¡Desventurados aquellos que cegados por el brillo del oro la ignoran!

Rechazando la máxima divina: ¡QUIEN NO ES FELIZ CON POCO, MENOS LO SERÁ EN LA ABUNDANCIA!

La felicidad no depende de la riqueza, la verdadera riqueza se contabiliza más bien en la cantidad de felicidad que tienes.

Dijo el filósofo salvadoreño Carlos Álvarez Pineda:

“Pobres no somos, pisto es lo que no tenemos”

 

—Miguelan.



lunes, 2 de febrero de 2026

ROBOTS BIOLÓGICOS

 ¿Qué cosa es un robot?

Es una máquina, programada para realizar determinadas operaciones de manera autónoma.
(Definición encontrada en internet).


Un robot no tiene capacidad para hacer algo más allá de lo que su programador insertó en su memoria virtual.

Un robot hace una y otra y otra vez lo mismo, sin salirse de su esquema.

No puede decidir qué quiere y qué no quiere hacer.

Hasta hoy, sabemos que no tiene la capacidad de tener emociones como el odio, el amor y bla, bla, bla.

Bueno, no deseo cansarte profundizando más; creo que ya tienes la idea.

Pero comenzaste a leer porque en el título decía “Robots biológicos”.

Y quizás pensaste que iba a escribir sobre el futuro de la robótica; espero no decepcionarte. En realidad, quiero hablarte sobre “animales”.

Después de ver muchísimos documentales sobre ellos, más la observación personal, estoy casi seguro de que los animales ¡son robots biológicos!

Si te fijas bien, todos ellos siguen el mismo programa, sin mostrar la menor señal de voluntad propia o uso racional.

Vienen a mi mente ahora una gran cantidad de especies, pero como buen salvadoreño, <<para no aburrirte>>, tomaré un ave.

¿Cuál de todas?

¡Una chiltota!

Una chiltota siempre hará su nido de la misma manera.

Es posible que así lo haya hecho desde que la especie existe y así lo hará mientras no se extinga.

¿Has visto sus nidos? Deberías; son una obra de arte de exquisita ingeniería.

Pero nunca nadie le enseñó cómo construirlo; solo se puso a hacerlo y ya. Luego viene otra chiltota y se pone a hacer su nido y le sale igual; ¡aunque nunca se hayan visto en sus vidas! Pero si es un guardabarranco, su nido será en la tierra, y otro torogoz igual que él, y así de manera repetitiva; es como si nacieran programados para hacerlo de esa forma, como un distintivo particular.

Cada especie de ave hace su nido de la misma forma, y ninguna tiene la voluntad de fijarse en el nido de otra y pensar:

<<El nido de la chiltota me gusta, voy a copiarlo>>.

Pasa igual si examinamos las demás especies: el búfalo siempre come hierba, el león siempre come búfalo y los zopilotes se alimentan de carroña.

El antílope no odia al león que se comió a su cría, y el león no siente compasión por la madre que perdió a su cervatillo.

¡Todos siguen un programa particular!

¡Ninguno va más allá de su patrón!

No piensan, no deciden; son como ¡robots biológicos!

¿Programados por quién?

¿Programados para qué?

Pero no se les olvide que antes escribí: CASI ESTOY SEGURO.

¿Por qué casi?

Aunque no creo que puedan odiar o amar, he observado en todos los animales una emoción humana: felicidad.

Bueno, quizás no tan humana… a fuerza de ser sincero, debo admitir que he visto más animales que personas felices.

 

—Miguelan.



PALABRAS DULCES PARA EL SORDO

Las personas hablan más de lo que dicen, pero no todos oyen más de lo que escuchan.

Por ejemplo, un simple “buenos días” puede significar hola, bienvenido, o ya me cansé de ti, quiero que te vayas.

¿Quieres un café? Podría significar: “Estoy interesado en ti”.

Y así.

Cada palabra es una confesión que delata un deseo, una pasión… una emoción.

¿Cuántas veces hemos querido decir la verdad y hemos tenido que callarla?

Las expresiones casi nunca van a pelo, porque las personas rara vez están preparadas para la verdad desnuda.

No, las personas no están listas para la verdad; nunca lo han estado. Han perseguido, encarcelado, apedreado y crucificado a todos los que alguna vez quisieron iluminar los profundos y oscuros calabozos del espíritu humano.

El disfraz es, por tanto, necesario para encajar en una hipócrita sociedad donde nadie es lo que aparenta; un baile de máscaras que oculta la imperfección de un corazón cada vez más decadente, cada vez más vacío, cada vez más solo.

Nadie dice lo que piensa porque la verdad escuece como sal en la llaga del intelecto y la soberbia.

Pero hay maneras… hay formas de descubrir la verdad que todos callan; es cuestión de aprender a oír para comprender y no para responder.

Y, sin quererlo, damos a los demás nuestro corazón con las palabras.

Expresiones que a diario abren el arcano de nuestra alma desnuda: palabras dulces para el sordo, que en la superficie de las aguas no alcanza a ver el leviatán nadando en la amarga profundidad de un océano incomprensible.

 

—Miguelan. 2020



NAVEGANTES DEL TIEMPO Y EL ESPACIO

 ¿Qué pasa cuando dormimos?

¿Duerme el cuerpo o duerme la mente?

¿Y cuándo nos desmayamos o nos sedan para una operación?

¿Acaso se puede anestesiar el alma con algo tan banal como un anestésico?

Durante mucho tiempo, estas interrogantes estuvieron en mi mente, sin encontrar una respuesta satisfactoria. Hasta que hace un par de semanas oí decir a un predicador gañote (a riesgo de ser lapidado) que el cuerpo y el alma se necesitan con desesperación y que nada puede hacer uno sin la asistencia del otro.

Aquel día comprendí que el espíritu navega el tiempo y el espacio en un vehículo llamado cuerpo. Lo necesita, tanto como tú precisarías de un submarino si quisieras explorar el fondo del mar.

Sí, es cierto que el vehículo se movería por donde tú lo condujeras. No obstante, serías en cierto modo un prisionero dentro de él, ya que te moverías a su velocidad, te sumergirías hasta donde su capacidad lo permitiera y verías lo que sus ventanas y sensores te permitieran. Estarías atado a él y compartirías su destino.

Es posible que tuvieras que hacer alguna pausa en algún momento y detener su movimiento, o a veces ponerlo en modo automático para que siguiera su curso mientras tú te tomas un descanso.

De igual forma, concluyo que el espíritu no duerme; sigue despierto en la dimensión de los sueños mientras espera que el cuerpo reponga fuerzas, y es por eso que puedes despertar cuando alguien te llama por tu nombre o suena la alarma por la mañana.

Cuando estás sedado o desmayado, funcionaría de forma similar, excepto que en ese caso, aunque quieras, no podrás iniciarlo hasta que esté en condiciones de funcionar.

¿Y por qué no puedes recordar nada de lo que sucedió a tu alrededor mientras dormías?

En este plano, necesitamos los receptores del cuerpo, es decir, los sentidos: gusto, tacto, olfato, oído y vista, para poder crear una base de datos que puedas manejar; pero al pertenecer estos receptores al hombre exterior y encontrarse este en desconexión total o parcial, no podrás saber qué sucedió mientras dormías o estabas sedado; pero sí podrás recordar aquello que pudiste percibir con los receptores internos, hasta este momento poco estudiados, por ejemplo, los sueños.

Salomón escribió: «Yo dormía, pero mi corazón velaba, y pude escuchar las palabras de mi amado que llamaba…».

 

—Miguelan. 2020



PASATIEMPOS PARA CONOCERNOS.

 Las personas decimos más con lo que hacemos que con lo que hablamos, una mirada delata una pasión, y en las manos de un hombre está escrita su vida.

San Agustín confesó: “si quieres conocer a una persona no le preguntes lo que piensa sino lo que ama”

En lo que amamos, en lo que nos gusta, en aquello que nos genera pasión, está la esencia de nuestro ser, en la música en el arte, en la belleza, en lo sencillo en lo complicado, etc.

Si te gusta el baile, es posible que seas una persona sociable, hiperactiva, etc.

Aquellos que prefieran el ajedrez suelen ser personas analíticas, con habilidades para la administración y la ejecución de algún instrumento musical.

Y así…

¿Quieres conocer a una persona? Pregúntale por su pasatiempo, sabrás más en cinco minutos, que si pasaran filosofando sobre muchos temas un día entero.

Sábado, 1 de septiembre de 2012

 

—Miguelan.



sábado, 31 de enero de 2026

CHUCHO AGUACATERO

Mucho se ha dicho de las grandes razas de perros: del pastor alemán con su elegancia, casi aristocrática; el sabueso y su incomparable olfato; el gran danés, con su imponente envergadura, contraria a la ridiculez de tamaño del chihuahueño; el pitbull, con su mala fama, al final resultó ser un perro bonachón, aunque más activo que el holgazán San Bernardo… y así sucesivamente.

Pero nadie dijo nada del mejor de todos:

¡EL PERRO AGUACATERO!

¡EL CHUCHOEFINCA!

¿Por qué se le dice aguacatero a tan noble animal?

Sencillo. Es el compañero inseparable del hombre pobre, aquel paria que ocupa el último eslabón en la injusta cadena social. Como es tan pobre, muchas veces apenas tiene para un tiempo de comida y otras toca aguantarse; entonces este can, sin genealogía ni pedigrí rastreable, debe conformarse con un pedazo de tortilla dura y una tajadita de aguacate, que muchas veces es el único alimento que se puede hallar en las fincas donde trabaja su amo. Estos ojos de pecador, que algún día serán comida de los gusanos, han podido ver en más de una ocasión algún perro esperar con paciencia de santo a que el viento o algún perico dejen caer un sabroso fruto, para devorarlo con prisa antes que se lo quiten. de allí que a alguno se le haya ocurrido llamarles AGUACATEROS.

El animal, es desnutrido, pero fiero para el combate; al igual que su amo, responde cuando alguno busca pelea. Eso sí, es astuto como el que más, con una inteligencia casi humana. “a ese perro solo hablar le falta” —dijo neto una vez.

Me contaron de un perro allá por la loma de Copalillo que se llamaba “Piñico”; era blanco y de un porte mayor al promedio de los de su clase. Este animal había aprendido a esquivar los machetazos que los bolos le tiraban y era un gran cazador de aves; podía acechar una catalnica como el felino más sagaz hasta atraparla. Como era un bravo guardián de la casa, muchas veces quisieron envenenarlo, pero el animal no comía sino lo que le daban los amos, y eso nadie se lo enseñó —decía el dueño—; al final terminó sus días entrado en años.

El perro aguacatero nunca se enferma, come de los basureros y, si encuentra una deposición humana, la degusta con infinito placer sin arrugar la cara.

Nunca le da rabia y puede caminar días enteros sin perder el rastro de un cusuco encuevado en el más recóndito paraje de la loma.

De fidelidad para con su amo, ni hablar: es capaz de ofrendar su vida donde otros canes tomarían las de Villadiego, y si por alguna razón el borrachito de su dueño cae vencido en una cuneta por los vapores espirituales de la caña, podrá tener por seguro que su fiel guardián cuidará de él hasta que recobre la conciencia. Eso sí, con el derecho de lamer el vómito que su amo pueda regurgitar.

Muchas historias conozco de perros aguacateros, y muchos son los “chuchoefinca” que se han cruzado en mi camino por esta vida; grandes perros, dignos de ser mencionados, historias que les contaré en una próxima narración.

 

—Miguelan.



Mi amigo, el loco.

 


"Es más cuerdo mi amigo el loco, que muchos cuerdos que dicen ser mis amigos."

—Miguelan.


LEYENDAS URBANAS: LA MUJER MONA

Las leyendas urbanas nacen del folclore popular y circulan como el viento, de boca en boca, atemorizando a los incautos y crédulos. Algunas son tan inverosímiles que provocan risa; otras, en cambio, bien podrían haberse originado en hechos reales.

Las leyendas urbanas existen para proteger, advertir y controlar conductas, explicar lo desconocido y transmitir valores dentro de una comunidad, usando el miedo y la imaginación como herramientas.

Mi padre solía decir: «Si tienes un palo de mango y no quieres que te los roben en la noche, lo más sencillo es inventar que en ese lugar sale el diablo».

El término «leyendas urbanas», atribuido a Richard Dorson, se refiere a historias modernas que nunca ocurrieron, pero se cuentan como verdaderas. En algunos lugares se conocen como «bolas» o «cuentos de camino».

En el lugar donde vivo circula la historia de la Mujer Mona: una mujer que practicaba brujería y se transformaba en animal para robar. Mientras estaba convertida dejaba su «espíritu» en un vaso, pero su esposo, por error, tiró el contenido y la dejó atrapada en esa forma, condenada a devorar niños para recuperar su humanidad.

Tal vez el relato tenga una base real. Vivimos cerca de montañas donde algunos niños han sido atacados por animales salvajes. Las abuelas aprovecharon esos hechos para crear la historia y obligar a las madres a cuidar mejor a sus hijos.

¿El resultado? Las madres no los descuidan y los niños no se alejan.
Las abuelas sonríen.

—¡Mirá, te va a comer la mona!
Y el niño obedece.

Ahora dicen que también castiga a los hombres trasnochadores y mujeriegos.

¿Usted qué cree, amigo que lee? 

¿Inventamos una historia?

 

—Miguelan.



viernes, 30 de enero de 2026

SOBRE LA REENCARNACIÓN

La reencarnación supone el renacer tras la muerte y, para algunos, implica adoptar la forma de cualquier ser biológico que habite el planeta. Desde esta visión, una persona podría volver como escarabajo, nutria, trucha, buitre carroñero u otro ser vivo, repitiendo el ciclo hasta alcanzar un estado de perfección que permita trascender el nacimiento y la muerte.

Otros sostienen que el ser humano representa la cúspide de la evolución biológica dentro de la reencarnación. Al haber superado las demás formas de vida, solo le restaría volver una y otra vez como humano, avanzar en su desarrollo espiritual y, finalmente, liberarse de las cadenas del samsara.

Es lógico pensar que en nuestro interior la chispa primordial anhela retornar a su origen. ¿Pero quién dijo que la perfección es requisito para trascender este plano? ¿Y si nuestra existencia en este mundo es la forma en que la fuente experimenta la imperfección y debilidad?

¿Y si nuestra imperfección es parte de la perfección del diseño?

Si así fuera, nuestra razón de existir tendría que residir en la armonía del ser y no en la disonancia.

Simbiosis, materia y espíritu; con necesidades distintas que siguen caminos separados, aunque converjan como dos cables de corriente. 

¿Reencarnar o no reencarnar? Esa es la pregunta. 

Quizás sí, pero no en este plano, sino en uno mejor, con un cuerpo distinto.

Tal vez nuestra purificación no sucede en un interminable proceso de renacer y morir repetidamente, sino volviendo a nuestro origen.

Me agrada más pensar de esta manera.

 

—Miguelan.



LOS DÉJÀ VU: UN RELÁMPAGO EN LA NOCHE


Los deja vu, o la sensación de haber vivido ya un momento; siempre me han causado curiosidad, por lo inexplicable que son desde casi cualquier punto de vista.

Me parece fascinante que le ocurran a todo el mundo y que nadie sepa por qué ni para qué. Les sucede tanto a los intelectuales como a las personas menos instruidas, pero ninguno de ellos puede comprender su significado.

Me intriga profundamente el hecho de que, mientras experimentamos un déjà vu, solo podamos sentir como vivido lo que está ocurriendo y no podamos prever lo que sucederá en el próximo minuto; es como si viéramos una y otra vez una misma película sin saber cuál es la escena que sigue.

Quizá los déjà vu son quizá como un relámpago en la oscuridad de una noche de tormenta, como un destello en la negrura de nuestra ignorancia que, por un momento, nos permite vislumbrar de manera vaga e inexplicable nuestro origen en la eternidad, permitiéndonos sentir el tiempo de una forma no lineal, sino como algo que coexiste de manera simultánea.

Siendo lo anterior una atrevida hipótesis, conviene preguntarnos:

¿Por qué no podemos predecir el siguiente cuadro?"

 

—Miguelan.