lunes, 2 de febrero de 2026

PALABRAS DULCES PARA EL SORDO

Las personas hablan más de lo que dicen, pero no todos oyen más de lo que escuchan.

Por ejemplo, un simple “buenos días” puede significar hola, bienvenido, o ya me cansé de ti, quiero que te vayas.

¿Quieres un café? Podría significar: “Estoy interesado en ti”.

Y así.

Cada palabra es una confesión que delata un deseo, una pasión… una emoción.

¿Cuántas veces hemos querido decir la verdad y hemos tenido que callarla?

Las expresiones casi nunca van a pelo, porque las personas rara vez están preparadas para la verdad desnuda.

No, las personas no están listas para la verdad; nunca lo han estado. Han perseguido, encarcelado, apedreado y crucificado a todos los que alguna vez quisieron iluminar los profundos y oscuros calabozos del espíritu humano.

El disfraz es, por tanto, necesario para encajar en una hipócrita sociedad donde nadie es lo que aparenta; un baile de máscaras que oculta la imperfección de un corazón cada vez más decadente, cada vez más vacío, cada vez más solo.

Nadie dice lo que piensa porque la verdad escuece como sal en la llaga del intelecto y la soberbia.

Pero hay maneras… hay formas de descubrir la verdad que todos callan; es cuestión de aprender a oír para comprender y no para responder.

Y, sin quererlo, damos a los demás nuestro corazón con las palabras.

Expresiones que a diario abren el arcano de nuestra alma desnuda: palabras dulces para el sordo, que en la superficie de las aguas no alcanza a ver el leviatán nadando en la amarga profundidad de un océano incomprensible.

 

—Miguelan. 2020



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