lunes, 29 de diciembre de 2025

POR UN VASO DE LECHE

 Hace algunos días, cuando desperté a las tres de la mañana, no me extrañó en absoluto ver a Leovigildo en la cocina de la casa.

¿Aún no les he hablado de él?

¡Qué mente la mía! Con esto de la cuarentena lo había olvidado.

Pues bien, Leovigildo es un viajero en el tiempo que de vez en cuando llega a visitarme, siempre a las tres de la madrugada.

No creí que fuera importante mencionarlo, porque su única motivación para llegar a casa, hasta hoy pareciera ser, servirse un poco de leche de mi nevera.

—¿Me estás diciendo que viajás no sé cuántos años en el tiempo y pasás por mi casa solo por un mísero vaso con leche? —le pregunté la primera vez que lo vi.

—De donde vengo, las vacas ya no se ordeñan y todo se produce en laboratorios. No tenés idea de lo mucho que ha cambiado el sabor. Aquello, con todos los agregados y vitaminas, ya ni debería llamarse leche.

—¿Y vale la pena el costo del viaje?

—Bueno, es que no vengo solo por esto… Tu casa es una pequeña parada, una delicia en mi ajetreada agenda… ¡perdón por asaltar tu nevera!

—Bueno, no vale mucho un vaso de leche. Podés servirte dos si querés, pero no más, porque se enoja mi mujer.

—Gracias, veré de qué modo puedo recompensar tu generosidad.

Bueno, eso fue la otra vez, pero ayer, que me levanté para orinar y lo vi sentado bebiendo sorbo a sorbo la leche, me pareció un poco preocupado.

—¿Qué pensás de lo que está pasando ahora en el mundo? —le pregunté sin saludar, como haría con cualquiera de la casa.

—¿Y vos qué pensás? —respondió sin verme, leyendo las letras blancas en la etiqueta roja del envase de leche.

—Pienso que hay un plan y un propósito para que cada cosa esté en el lugar y tiempo donde fue imaginada —dije, lanzando un pequeño y mordaz dardo de ironía—, algo así como un gran rompecabezas donde somos minúsculas e insignificantes piezas que alguien está armando. Lo que sucede ahora es como los personajes de mis cuentos… ellos no eligen, yo decido dónde ponerlos y en qué situación.

¿Aún se leen en internet mis escritos en tu tiempo?

—Estás en lo cierto y no lo estás.

—¿Sí y no?

—En lo del plan estás en lo cierto, pero te equivocás en la idea de quién creés que está detrás de todo.

—¿Y cómo sabés quién pienso que está detrás de todo?

—Bueno, porque vos mismo lo escribiste… o lo vas a escribir dentro de algunos años.

—¿Entonces sí has leído mis escritos en internet?

—Claro. Esto de venir a beber leche a tu casa no es casualidad; he leído casi todas tus letras.

—¿Casi todas?

—Bueno, es que algunas son aburridas…

—Me gustan los cuentos. Incluso he visitado, solo por placer, en algunas escapadas que me permite el Vórtice, los lugares que mencionás en algunos.

—Ya, ya, pero decime por qué me equivoco en lo del plan. ¿Quién está detrás de todo esto?

—¿Te acordás de lo del asunto de los mayas y el fin del mundo en el 2012?

—Ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja. ¿Me vas a decir que creés en eso?

—¿De qué te reís? ¿Estás soñando otra vez? —dijo desde el cuarto mi esposa.

—Ah, no es nada —solo soñaba.

—Mentiroso, estás comiendo de noche de nuevo…

—No, no exactamente; me refería a los ciclos —dijo Leovigildo cuando oímos roncar de nuevo a mi esposa—. El mundo está cambiando, una nueva era comienza, y por eso es que me has visto muy ocupado en algunos asuntos.

—¿Qué asuntos?

—No puedo hablar de eso, porque vos todo lo escribís…

—Off the record.

Cerró los ojos por un momento y luego dijo:

—Está bien, te diré algunas cosas.

—Revisaba tus escritos en lo que llamás internet.

—¿Cómo lo hiciste y tan luego?

—Ah, es que hoy la red está aquí —dijo, tocando con el índice su frente—. Recompensaré tu hospitalidad contándote algunas cosas; eso sí, deberás cambiar mi nombre en el escrito.

—¿Cuál escrito?

—El que vas a escribir el seis de abril de 2020. Por cierto, no vayás a olvidar llamar a tu mamá y felicitarla por su cumpleaños.

—¿Qué nombre te gustaría?

—Ya que te gusta usar nombres raros en tus cuentos, Leovigildo estará bien…

 

—Miguelan. 2020



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