lunes, 2 de febrero de 2026

NAVEGANTES DEL TIEMPO Y EL ESPACIO

 ¿Qué pasa cuando dormimos?

¿Duerme el cuerpo o duerme la mente?

¿Y cuándo nos desmayamos o nos sedan para una operación?

¿Acaso se puede anestesiar el alma con algo tan banal como un anestésico?

Durante mucho tiempo, estas interrogantes estuvieron en mi mente, sin encontrar una respuesta satisfactoria. Hasta que hace un par de semanas oí decir a un predicador gañote (a riesgo de ser lapidado) que el cuerpo y el alma se necesitan con desesperación y que nada puede hacer uno sin la asistencia del otro.

Aquel día comprendí que el espíritu navega el tiempo y el espacio en un vehículo llamado cuerpo. Lo necesita, tanto como tú precisarías de un submarino si quisieras explorar el fondo del mar.

Sí, es cierto que el vehículo se movería por donde tú lo condujeras. No obstante, serías en cierto modo un prisionero dentro de él, ya que te moverías a su velocidad, te sumergirías hasta donde su capacidad lo permitiera y verías lo que sus ventanas y sensores te permitieran. Estarías atado a él y compartirías su destino.

Es posible que tuvieras que hacer alguna pausa en algún momento y detener su movimiento, o a veces ponerlo en modo automático para que siguiera su curso mientras tú te tomas un descanso.

De igual forma, concluyo que el espíritu no duerme; sigue despierto en la dimensión de los sueños mientras espera que el cuerpo reponga fuerzas, y es por eso que puedes despertar cuando alguien te llama por tu nombre o suena la alarma por la mañana.

Cuando estás sedado o desmayado, funcionaría de forma similar, excepto que en ese caso, aunque quieras, no podrás iniciarlo hasta que esté en condiciones de funcionar.

¿Y por qué no puedes recordar nada de lo que sucedió a tu alrededor mientras dormías?

En este plano, necesitamos los receptores del cuerpo, es decir, los sentidos: gusto, tacto, olfato, oído y vista, para poder crear una base de datos que puedas manejar; pero al pertenecer estos receptores al hombre exterior y encontrarse este en desconexión total o parcial, no podrás saber qué sucedió mientras dormías o estabas sedado; pero sí podrás recordar aquello que pudiste percibir con los receptores internos, hasta este momento poco estudiados, por ejemplo, los sueños.

Salomón escribió: «Yo dormía, pero mi corazón velaba, y pude escuchar las palabras de mi amado que llamaba…».

 

—Miguelan. 2020



No hay comentarios:

Publicar un comentario