Nacemos como animales, vivimos como dioses y, al final, morimos como todos los hombres.
¡El final es tan parecido al principio!
Venimos desnudos, sin inteligencia… ¡como bestias!
Vivimos como si nunca fuéramos a morir, y cuando morimos lo hacemos como si no hubiéramos vivido.
Nos aferramos a la vida, aun cuando está llena de múltiples sinsabores.
¿Por qué? ¿Instinto? ¿supervivencia?
Nos aterra la idea de morir, quizá porque no estamos seguros si hay algo más después de todo esto…
Desgraciadamente, no podemos elegir cómo vamos a morir ni dónde va a quedar nuestro cuerpo, pero sí podemos elegir cómo vamos a enfrentar la muerte: de rodillas o de pie, con la frente erguida y la conciencia tranquila…
Robert Frost lo entendió perfectamente cuando dijo:
"Dos caminos se bifurcaban en un bosque amarillo..."

No hay comentarios:
Publicar un comentario