Una mañana, casi al comenzar el invierno preparaba con mucho esfuerzo el fogón para los alimentos; Pero al intentar con leños gruesos parecía aquello una misión imposible.
¿Cómo fui a quedarme sin ocote?
Recogí entonces por aquí y por allá algunas ramitas delgadas y frágiles
que no tardaron en crepitar encendiendo rápidamente los maderos más gruesos,
que una vez inflamados incineraron a los débiles. Puse más ramitas, pero
igualmente fueron consumidas casi de inmediato.
<<Es una alegoría de la vida>> pensé, para quedarme viendo
arrobado en un sentimiento primitivo quien sabe por cuánto tiempo las flamas de
la existencia.
—Miguelan 2021

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