La tarde ha sido fría.
Después de mucha niebla vino la lluvia. Vi un pájaro parado en una antena de televisión… estaba empapado. <<Pobrecillo, quizá no tenga nido>>, pensé.
El café de palo huele riquísimo. Le doy un sorbo y miro por la ventana de madera cómo arrecia la tormenta, doblando las copas de los árboles de un lado a otro.
Cuando cesa la lluvia, todo se pone blanco. La neblina no deja ver más allá de la cocina; pero luego el viento sopla y por un momento se pueden ver las montañas, aunque después desaparecen tras un manto de nubes blanquísimas… Doy otro sorbo a mi café y pienso en la ardilla que a diario se pelea con las catalnicas porque quiere robarles los huevos del nido. Me imagino que estará seca y calentita en algún hueco del árbol, viendo cómo se mece, como un péndulo, el inalcanzable nido de las chiltotas en el palo de aguacate.
La noche pronto se adueñará del paisaje. Las gotas seguirán con su redoble en los techos, quién sabe cuántos días más.
El gato, de vez en cuando, abre un ojo para ver si no hay algún ratón desprevenido; después se enrolla y sigue su siesta al lado de la cocina de leña, donde se preparan en una olla de barro unos deliciosos frijoles con güisquiles cosechados en la huerta familiar. El fuego ya no arde, pero las brasas aún brillan intensamente. Por un momento me río al imaginar al menino en llamas por acercarse demasiado al fogón.
Ya han pasado tres días y no ha salido el sol.
Mi mamá dice que los temporales de hoy no son como los de antes:
—El cielo se iba poniendo oscuro, oscuro, casi se miraba como que era de noche, y venían aquellas grandes tormentas, y va de llover y llover.
Entonces no se llevaban las vacas al potrero, sino que se tenían bien sequitas bajo techo para que no les diera frío… Eran semanas enteras, y a veces bajaban los venados de la montaña hasta los corrales de las vacas buscando comida, y mi papá les decía a los corraleros:
—No los vayan a matar.
Antes era diferente, no como ahora, que ya no puede uno disfrutar un temporal porque en la televisión dicen que es un huracán, o una tormenta tropical, o una depresión tropical.
Quizá tenga razón. Hoy los temporales se llaman huracanes o depresiones tropicales… y ya no bajan los venados de la montaña.
—Miguelan (Memorias)

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