La niebla se deslizaba aquella mañana entre los árboles de mi fantasía,
Corría junto al céfiro,
Que helaba el aire de aquel día con suspiros de neblina.
Silente y etérea, envolvía la mañana
Tejiendo su manto blanquecino de pudor y utopía
Eran perlas el rocío que en tu cabello posaba,
Y tus labios, como pétalos, a los míos buscaban.
¡Besos que saben ser puñales,
Cuando clavan sus espinas en los míos!
- Miguelan

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