Día de llanto,
Se hermanan las lágrimas con la sangre,
que la lluvia lava de los cuerpos que duermen para siempre en la hierba...
Nunca volverán a casa, sino con el viento,
Que, cual réquiem celestial arrullará la lejana aldea,
Abrazando en nombre ajeno el sufrimiento de los que esperaran su regreso...
El Radiante sol de un atardecer con nubes oscuras,
Se escapa de los ojos que se cierran al caer una cabeza...
Y en la cabeza se oscurece la luz de unos hermosos ojos de mujer...
Los oídos ya no oyen...
Lentamente, va quedando muy atrás,
De la guerra el alarido que sepulta más que huesos; sueños y universos.
Todo se va sosegando
Los ojos ya no miran,
Los oídos solo escuchan la risa del infante
En el dintel distante, donde se pierde la esperanza...
Las heridas ya no duelen...
El dolor lo sustituye la suave caricia del recuerdo cálido del último abrazo.
Y así todo se va quedando callado… silente... frio...
—Miguelan. (2023)

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