lunes, 2 de marzo de 2026

NUESTROS PRIMEROS AMIGOS

Los hermanos son nuestros primeros amigos, nuestros primeros aliados y confidentes. Fomentan el compañerismo y ayudan a mejorar la convivencia social del individuo.

El tiempo pasa y las experiencias se van haciendo muchas, enriqueciendo nuestra memoria con preciados recuerdos, hasta que llega el momento en que cada uno debe hacer su propia vida y tomar las riendas de su destino.

Los padres se quedan solos y, en la distancia, los recuerdos de los momentos maravillosos son un oasis para nuestro espíritu, en espera de un reencuentro.

¡Y entonces sucede!

Algunas veces durante la Semana Santa y otras en Navidad (casi siempre en Navidad), la casa de los papás, que se había quedado silente y triste, comienza a llenarse de ruido y algarabía.

Los hijos empiezan a llegar de todos los rincones del país y otros, de países más lejanos. Los viejos sonríen... ahora ya no solo son padres, sino también abuelos... ¡la casa estalla de alegría!

No falta el hermano orate y bravucón obsesionado con la seguridad, la hermana que en otra vida debe haber sido una cabra sin dueño y que solo piensa en vagancia, o la dulce hermanita de los hoyuelos, que finalmente dejó a su marido borracho y se acompañó con un hombre que la estima y la trata bien; también el hermano poeta y medio loco, y el solterón empedernido que nunca se casó.

Por allí también ronda el embaucador, vendiéndole piedras "pulsudas" a los sobrinos y contando las historias más magníficas hasta hoy narradas por ser viviente alguno; el "secaleche" no para de besar a la mamá, aunque ya está más viejo que los primeros hermanos.

La casa rebosa de felicidad e historias. Se hacen planes para salir a algún sitio: unos quieren playa y otros, montaña, pero al final a nadie le importa mucho dónde se vaya, sino que todos estén juntos como antaño, cuando salían a Moncagua y otros lugares.

Serán unas magníficas vacaciones donde engrosaremos el álbum de fotografías y enriqueceremos nuestro espíritu con recuerdos, para cuando estemos lejos y no podamos reunirnos.

 

—Miguelan.



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