lunes, 2 de febrero de 2026

ROBOTS BIOLÓGICOS

 ¿Qué cosa es un robot?

Es una máquina, programada para realizar determinadas operaciones de manera autónoma.
(Definición encontrada en internet).


Un robot no tiene capacidad para hacer algo más allá de lo que su programador insertó en su memoria virtual.

Un robot hace una y otra y otra vez lo mismo, sin salirse de su esquema.

No puede decidir qué quiere y qué no quiere hacer.

Hasta hoy, sabemos que no tiene la capacidad de tener emociones como el odio, el amor y bla, bla, bla.

Bueno, no deseo cansarte profundizando más; creo que ya tienes la idea.

Pero comenzaste a leer porque en el título decía “Robots biológicos”.

Y quizás pensaste que iba a escribir sobre el futuro de la robótica; espero no decepcionarte. En realidad, quiero hablarte sobre “animales”.

Después de ver muchísimos documentales sobre ellos, más la observación personal, estoy casi seguro de que los animales ¡son robots biológicos!

Si te fijas bien, todos ellos siguen el mismo programa, sin mostrar la menor señal de voluntad propia o uso racional.

Vienen a mi mente ahora una gran cantidad de especies, pero como buen salvadoreño, <<para no aburrirte>>, tomaré un ave.

¿Cuál de todas?

¡Una chiltota!

Una chiltota siempre hará su nido de la misma manera.

Es posible que así lo haya hecho desde que la especie existe y así lo hará mientras no se extinga.

¿Has visto sus nidos? Deberías; son una obra de arte de exquisita ingeniería.

Pero nunca nadie le enseñó cómo construirlo; solo se puso a hacerlo y ya. Luego viene otra chiltota y se pone a hacer su nido y le sale igual; ¡aunque nunca se hayan visto en sus vidas! Pero si es un guardabarranco, su nido será en la tierra, y otro torogoz igual que él, y así de manera repetitiva; es como si nacieran programados para hacerlo de esa forma, como un distintivo particular.

Cada especie de ave hace su nido de la misma forma, y ninguna tiene la voluntad de fijarse en el nido de otra y pensar:

<<El nido de la chiltota me gusta, voy a copiarlo>>.

Pasa igual si examinamos las demás especies: el búfalo siempre come hierba, el león siempre come búfalo y los zopilotes se alimentan de carroña.

El antílope no odia al león que se comió a su cría, y el león no siente compasión por la madre que perdió a su cervatillo.

¡Todos siguen un programa particular!

¡Ninguno va más allá de su patrón!

No piensan, no deciden; son como ¡robots biológicos!

¿Programados por quién?

¿Programados para qué?

Pero no se les olvide que antes escribí: CASI ESTOY SEGURO.

¿Por qué casi?

Aunque no creo que puedan odiar o amar, he observado en todos los animales una emoción humana: felicidad.

Bueno, quizás no tan humana… a fuerza de ser sincero, debo admitir que he visto más animales que personas felices.

 

—Miguelan.



PALABRAS DULCES PARA EL SORDO

Las personas hablan más de lo que dicen, pero no todos oyen más de lo que escuchan.

Por ejemplo, un simple “buenos días” puede significar hola, bienvenido, o ya me cansé de ti, quiero que te vayas.

¿Quieres un café? Podría significar: “Estoy interesado en ti”.

Y así.

Cada palabra es una confesión que delata un deseo, una pasión… una emoción.

¿Cuántas veces hemos querido decir la verdad y hemos tenido que callarla?

Las expresiones casi nunca van a pelo, porque las personas rara vez están preparadas para la verdad desnuda.

No, las personas no están listas para la verdad; nunca lo han estado. Han perseguido, encarcelado, apedreado y crucificado a todos los que alguna vez quisieron iluminar los profundos y oscuros calabozos del espíritu humano.

El disfraz es, por tanto, necesario para encajar en una hipócrita sociedad donde nadie es lo que aparenta; un baile de máscaras que oculta la imperfección de un corazón cada vez más decadente, cada vez más vacío, cada vez más solo.

Nadie dice lo que piensa porque la verdad escuece como sal en la llaga del intelecto y la soberbia.

Pero hay maneras… hay formas de descubrir la verdad que todos callan; es cuestión de aprender a oír para comprender y no para responder.

Y, sin quererlo, damos a los demás nuestro corazón con las palabras.

Expresiones que a diario abren el arcano de nuestra alma desnuda: palabras dulces para el sordo, que en la superficie de las aguas no alcanza a ver el leviatán nadando en la amarga profundidad de un océano incomprensible.

 

—Miguelan. 2020



NAVEGANTES DEL TIEMPO Y EL ESPACIO

 ¿Qué pasa cuando dormimos?

¿Duerme el cuerpo o duerme la mente?

¿Y cuándo nos desmayamos o nos sedan para una operación?

¿Acaso se puede anestesiar el alma con algo tan banal como un anestésico?

Durante mucho tiempo, estas interrogantes estuvieron en mi mente, sin encontrar una respuesta satisfactoria. Hasta que hace un par de semanas oí decir a un predicador gañote (a riesgo de ser lapidado) que el cuerpo y el alma se necesitan con desesperación y que nada puede hacer uno sin la asistencia del otro.

Aquel día comprendí que el espíritu navega el tiempo y el espacio en un vehículo llamado cuerpo. Lo necesita, tanto como tú precisarías de un submarino si quisieras explorar el fondo del mar.

Sí, es cierto que el vehículo se movería por donde tú lo condujeras. No obstante, serías en cierto modo un prisionero dentro de él, ya que te moverías a su velocidad, te sumergirías hasta donde su capacidad lo permitiera y verías lo que sus ventanas y sensores te permitieran. Estarías atado a él y compartirías su destino.

Es posible que tuvieras que hacer alguna pausa en algún momento y detener su movimiento, o a veces ponerlo en modo automático para que siguiera su curso mientras tú te tomas un descanso.

De igual forma, concluyo que el espíritu no duerme; sigue despierto en la dimensión de los sueños mientras espera que el cuerpo reponga fuerzas, y es por eso que puedes despertar cuando alguien te llama por tu nombre o suena la alarma por la mañana.

Cuando estás sedado o desmayado, funcionaría de forma similar, excepto que en ese caso, aunque quieras, no podrás iniciarlo hasta que esté en condiciones de funcionar.

¿Y por qué no puedes recordar nada de lo que sucedió a tu alrededor mientras dormías?

En este plano, necesitamos los receptores del cuerpo, es decir, los sentidos: gusto, tacto, olfato, oído y vista, para poder crear una base de datos que puedas manejar; pero al pertenecer estos receptores al hombre exterior y encontrarse este en desconexión total o parcial, no podrás saber qué sucedió mientras dormías o estabas sedado; pero sí podrás recordar aquello que pudiste percibir con los receptores internos, hasta este momento poco estudiados, por ejemplo, los sueños.

Salomón escribió: «Yo dormía, pero mi corazón velaba, y pude escuchar las palabras de mi amado que llamaba…».

 

—Miguelan. 2020



PASATIEMPOS PARA CONOCERNOS.

 Las personas decimos más con lo que hacemos que con lo que hablamos, una mirada delata una pasión, y en las manos de un hombre está escrita su vida.

San Agustín confesó: “si quieres conocer a una persona no le preguntes lo que piensa sino lo que ama”

En lo que amamos, en lo que nos gusta, en aquello que nos genera pasión, está la esencia de nuestro ser, en la música en el arte, en la belleza, en lo sencillo en lo complicado, etc.

Si te gusta el baile, es posible que seas una persona sociable, hiperactiva, etc.

Aquellos que prefieran el ajedrez suelen ser personas analíticas, con habilidades para la administración y la ejecución de algún instrumento musical.

Y así…

¿Quieres conocer a una persona? Pregúntale por su pasatiempo, sabrás más en cinco minutos, que si pasaran filosofando sobre muchos temas un día entero.

Sábado, 1 de septiembre de 2012

 

—Miguelan.



sábado, 31 de enero de 2026

CHUCHO AGUACATERO

Mucho se ha dicho de las grandes razas de perros: del pastor alemán con su elegancia, casi aristocrática; el sabueso y su incomparable olfato; el gran danés, con su imponente envergadura, contraria a la ridiculez de tamaño del chihuahueño; el pitbull, con su mala fama, al final resultó ser un perro bonachón, aunque más activo que el holgazán San Bernardo… y así sucesivamente.

Pero nadie dijo nada del mejor de todos:

¡EL PERRO AGUACATERO!

¡EL CHUCHOEFINCA!

¿Por qué se le dice aguacatero a tan noble animal?

Sencillo. Es el compañero inseparable del hombre pobre, aquel paria que ocupa el último eslabón en la injusta cadena social. Como es tan pobre, muchas veces apenas tiene para un tiempo de comida y otras toca aguantarse; entonces este can, sin genealogía ni pedigrí rastreable, debe conformarse con un pedazo de tortilla dura y una tajadita de aguacate, que muchas veces es el único alimento que se puede hallar en las fincas donde trabaja su amo. Estos ojos de pecador, que algún día serán comida de los gusanos, han podido ver en más de una ocasión algún perro esperar con paciencia de santo a que el viento o algún perico dejen caer un sabroso fruto, para devorarlo con prisa antes que se lo quiten. de allí que a alguno se le haya ocurrido llamarles AGUACATEROS.

El animal, es desnutrido, pero fiero para el combate; al igual que su amo, responde cuando alguno busca pelea. Eso sí, es astuto como el que más, con una inteligencia casi humana. “a ese perro solo hablar le falta” —dijo neto una vez.

Me contaron de un perro allá por la loma de Copalillo que se llamaba “Piñico”; era blanco y de un porte mayor al promedio de los de su clase. Este animal había aprendido a esquivar los machetazos que los bolos le tiraban y era un gran cazador de aves; podía acechar una catalnica como el felino más sagaz hasta atraparla. Como era un bravo guardián de la casa, muchas veces quisieron envenenarlo, pero el animal no comía sino lo que le daban los amos, y eso nadie se lo enseñó —decía el dueño—; al final terminó sus días entrado en años.

El perro aguacatero nunca se enferma, come de los basureros y, si encuentra una deposición humana, la degusta con infinito placer sin arrugar la cara.

Nunca le da rabia y puede caminar días enteros sin perder el rastro de un cusuco encuevado en el más recóndito paraje de la loma.

De fidelidad para con su amo, ni hablar: es capaz de ofrendar su vida donde otros canes tomarían las de Villadiego, y si por alguna razón el borrachito de su dueño cae vencido en una cuneta por los vapores espirituales de la caña, podrá tener por seguro que su fiel guardián cuidará de él hasta que recobre la conciencia. Eso sí, con el derecho de lamer el vómito que su amo pueda regurgitar.

Muchas historias conozco de perros aguacateros, y muchos son los “chuchoefinca” que se han cruzado en mi camino por esta vida; grandes perros, dignos de ser mencionados, historias que les contaré en una próxima narración.

 

—Miguelan.



Mi amigo, el loco.

 


"Es más cuerdo mi amigo el loco, que muchos cuerdos que dicen ser mis amigos."

—Miguelan.


LEYENDAS URBANAS: LA MUJER MONA

Las leyendas urbanas nacen del folclore popular y circulan como el viento, de boca en boca, atemorizando a los incautos y crédulos. Algunas son tan inverosímiles que provocan risa; otras, en cambio, bien podrían haberse originado en hechos reales.

Las leyendas urbanas existen para proteger, advertir y controlar conductas, explicar lo desconocido y transmitir valores dentro de una comunidad, usando el miedo y la imaginación como herramientas.

Mi padre solía decir: «Si tienes un palo de mango y no quieres que te los roben en la noche, lo más sencillo es inventar que en ese lugar sale el diablo».

El término «leyendas urbanas», atribuido a Richard Dorson, se refiere a historias modernas que nunca ocurrieron, pero se cuentan como verdaderas. En algunos lugares se conocen como «bolas» o «cuentos de camino».

En el lugar donde vivo circula la historia de la Mujer Mona: una mujer que practicaba brujería y se transformaba en animal para robar. Mientras estaba convertida dejaba su «espíritu» en un vaso, pero su esposo, por error, tiró el contenido y la dejó atrapada en esa forma, condenada a devorar niños para recuperar su humanidad.

Tal vez el relato tenga una base real. Vivimos cerca de montañas donde algunos niños han sido atacados por animales salvajes. Las abuelas aprovecharon esos hechos para crear la historia y obligar a las madres a cuidar mejor a sus hijos.

¿El resultado? Las madres no los descuidan y los niños no se alejan.
Las abuelas sonríen.

—¡Mirá, te va a comer la mona!
Y el niño obedece.

Ahora dicen que también castiga a los hombres trasnochadores y mujeriegos.

¿Usted qué cree, amigo que lee? 

¿Inventamos una historia?

 

—Miguelan.