Encerrado en la prisión de mis dudas,
Recuerdo los días en que volaba libre como el
viento;
Y no, no es la muerte que acecha con inmisericorde
guadaña,
¡Es la oscuridad que me consume desde adentro,
Es la soledad y el silencio que marchitan mi
corazón!
Busco respuestas en el grito angustioso que desgarra
las entrañas
Arrastrándome yo mismo en la putrefacción
regurgitante del egoísmo, en el cual todos señalamos a todos, apedreándonos
unos a otros inmisericordes, sin conciencia… peor que animales.
Levanto mis ojos al cielo y grito ¿Dios estas ahí?
Silencio… no hay respuesta, Dios no está en el
viento, Dios no está en el Fuego.
Dios está en ti, Dios está en mi…
¡Si, pero sepultado, Muerto!
Esperando la resurrección tras el terremoto que
cimbra las entrañas del planeta.
Embalsamado con la hipocresía de las palabras y la
doble cara de la conveniencia.
En la fría losa donde le pusieron después de
vituperarle y crucificarle diciendo con cada golpe y flagelo
¡Dios mío cuanto te amo!
—Miguelan 2020

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